Nací en una tierra hermosa de la provincia de Almería, de montes amarillos y resecos. Un territorio enclavado entre la sierra de los Filabres, la de las Estancias y la de Almagro, con hitos inmutables como el azul cerro Limera o el oscuro Cerrón y otras referencias que han pasado a ser parte del paisaje como la ermita de San Miguel, el Puenteyerro, el reloj de Zurgena, el castillo de Overa o la torre vigía de la Ballegona. Un lugar en el que el esfuerzo humano con la ayuda del río Almanzora han creado, a lo largo de la historia, un oasis de verdor y de vida. Un lugar en el que brillan las estrellas en la cúpula del oscuro cielo, creando noches bellísimas y mágicas de paz y silencios infinitos.
Tierra de frontera y de un río aparentemente seco la mayor parte del año, de aguas turbias e indómitas en época de avenidas, y casi siempre pródigo con sus cimbras de aguas transparentes.
Tierra de mestizaje, donde las parejas son alcanzadas por los dardos de Cupido sin importar el término municipal en el que se haya nacido ni la distancia para visitar a la amada, porque se puede recorrer fácilmente con los pies ligeros que da el corazón enamorado. Me contaron que un muchacho de Zurgena fue a rondar a una chica del Cucador. Como en épocas pasadas un indicativo de la riqueza familiar era el número de animales domésticos que se poseyera, el joven en cuestión, que no era un Castelar, se sentó al lado de la fémina objeto de sus deseos y le espetó sin que hubieran mediado más palabra entre ellos: -pues sí, tu padre y el mío, de animales se llevan poco- Según palabras de mi padre: allí se acabó el noviaje. Otra anécdota graciosa ocurrió cuando mi progenitor preguntó a un amigo que rondaba a una chica de Overa: -Pero, ¿se lo has dicho ya? - El palacero, algo tartaja, le contestó: -No, pepero lo tengo pepensado, me sentaré a su lado y le prepreguntaré: ¡Pa que yo quiero saber que pa que vengo yo aquí? - Tengo entendido que esta relación tampoco acabó en campanas de boda. No sucedió así con mis padres, de Palacés y de la Ermita; ni con mis tías, las de Palacés se casaron con novios de la Ermita y las de la Ermita con novios de la propia Ermita, Zurgena y el Cucador; ni con mis abuelos, de Palacés, de la Ermita y de los Menas.
Nací en Palacés, pero igual podría haberlo hecho en cualquier lugar de Zurgena como la Alfoquía, el Cucador o los Carasoles, o en cualquier rincón de Overa como la Ermita, los Navarros, los Menas, Santa Bárbara o el Pilar. Mis ojos habrían visto los mismos paisajes, mis oídos habrían oído la misma música, mi olfato habría percibido los mismos aromas, mi paladar habría saboreado la misma miel y mi piel habría acariciado a la misma gente.
En Navidad habría bailado en los mismos bailes de Ánimas y habría disfrutado del jolgorio de las matanzas. En Semana Santa habría vivido la misma explosión de azahar, la ilusión de los ramos del domingo de pascua y las mismas meriendas en el Puenteyerro. En verano me habría bañado en las acequias, habría ido de romería al Saliente y me habría enamorado en las mismas verbenas; y, como no, en Carnaval habría sentido la misma mezcla de emoción y temor al escuchar los cencerros de los Peloteros.
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| SALIDA DE LOS PELOTEROS © A.VV. La Torrecica. 2019 |
Nuestro carnaval
No encuentro diferencias en cuanto a la identidad cultural de Overa y Zurgena, pero de haberlas serían insignificantes debido a las raíces comunes entremezcladas durante siglos. Una de las tradiciones compartidas por las dos localidades y a mi entender de las más significativas por diferenciadora con otras zonas de la cuenca del Almanzora, es la de nuestros carnavales.
En los últimos años estamos asistiendo en nuestra tierra a una encomiable pujanza, difusión y en algunos casos recuperación de costumbres ancestrales como las comparsas, las máscaras, los osos y, sobre todo, los bravos y feroces peloteros.
En la comarca, la denominación de máscara engloba todo tipo de disfraces caricaturescos, irreverentes, hermosos y equívocos. Unos con representación ensayada o improvisada, burlesca y llena de gracia y otros vistosos, para lucimiento de sus portadores, y donde casi nada es lo que parece: el hombre se viste de mujer y la mujer de hombre, el hacendado se viste de indigente y el sin recursos lo hace de opulencia.
Me parece interesante el disfraz de oso porque conecta con un culto primitivo del animal como símbolo de fuerza, virilidad y fecundidad, cuyo rastro se encuentra en toda Europa y que se manifiesta en festejos que coinciden con el fin de la hibernación de la fiera y la proximidad de la primavera. Dicho culto, según la teoría del profesor de la Universidad de Iowa Roslyn Frank, estudioso de los carnavales vascos, es un vestigio que data del paleolítico y que habría mutado en el transcurso de los siglos adaptándose al carnaval.
A pesar de la desaparición del plantígrado de nuestras latitudes, junto con la de nuestros bosques, hace más de cien años debido a la presión humana y a la minería en las sierras cercanas, en tiempo de doña carnal aparecían los osos. Esta caracterización carnavalesca se realizaba en Palacés con personas envueltas en zaleas de oveja, la cara pintada con hollín y una cadena atada a la cintura y, conducidos y mandados por un domador improvisaban toda suerte de gracias y piruetas allá donde tuvieran un público al que entretener.
| PELOTEROS FRENTE A LIMERA © A.VV. La Torrecica. 2017 |
Las estrellas indiscutibles del festejo eran y siguen siendo los peloteros, que, interpretados por varones de cualquier edad, sobre todo jóvenes, vestidos con blancas camisas femeninas, las caras tiznadas hasta resultar irreconocibles o tapadas con estrafalarias caretas o carachas, cencerros y cascabeles atados a la cintura y portando un palo, ilusionaban, divertían y asustaban por igual a grandes y chicos.
El palo del pelotero era un complemento importante del que a veces pendían botijas de cerdo infladas o pelotas de tiras de tela de harapos y servía lo mismo para amedrentar y golpear a los no disfrazados como para trepar a ventanas y balcones o para escalar tapias y tejados. El tamaño de esta arma intimidatoria dependía de la fuerza y fiereza del portador. Tengo entendido que mi padre llevó en alguna de estas andanzas el timón de un arado.
Me contaba mi abuela Inés, de los Menas, que cuando era joven vio a un intrépido vecino encamisado que llevaba en la cabeza un apartaor al que había sujetado dos guitas con sendas ranas vivas atadas a sus extremos. No es de extrañar que, a pesar de que nunca se propasaran con ninguna mujer, se les temiera.
Los peloteros, normalmente en grupo, visitaban las tabernas donde bautizaban con vino sus gaznates y sus camisas y no era raro que, en sus correrías, se reunieran con los de Zurgena o los de Overa. Con el cuerpo caldeado y los ánimos aún más, recorrían barriadas y cortijos en busca de las muchachas. Éstas, se escondían juntas en una casa y hacían todo lo necesario para ser descubiertas. Los mozos, con gran algarabía de gritos y cencerros, conseguían rendir la fortaleza mediante alguna traidora que, en un descuido de las demás, quitaba las dos vueltas de la llave y, si no era así, los briosos jóvenes no reparaban en forzar una puerta o en arrancar una reja o una ventana con tal de dar un abrazo, casi siempre casto, a todas las mujeres con las que se encontraran, ya fueran feas, guapas, jóvenes o viejas. Para entretenerse mientras buscaban a las chicas, los de Palacés hacían lindezas tales como labrar una era con un mozo al mando del arado y otros tirando del mismo. Todos los despropósitos realizados por los portadores de cencerros eran mirados, a veces con simpatía, otras con comprensión y algunas con cierto enfado, aunque sabían que cualquier destrozo ocasionado por los fogosos jóvenes era convenientemente pagado o reparado por los autores del desaguisado en días sucesivos.
| PELOTEROS INTENTANDO ABRAZARA A LAS MOZAS © A.VV. La Torrecica. 2017 |
La tolerancia en estas fechas era de manga ancha, como lo demuestra un suceso en un carnaval de la Ermita allá por los años cincuenta. Uno de mis tíos se dirigía a los alrededores de la iglesia, lugar en el que se concentraban todos los espectáculos de máscaras y remedando a los vendedores de Garrucha que ofrecían su mercancía de casa en casa gritaba: - ¡pescaaaaao, pescaaaaao. Portaba un carretón de madera en el que iba un muchacho liado en una manta y al que sólo se le veía la cabeza. Cuando más gente había agrupada mirando, volcó la tosca carretilla y apareció revuelto con la frezada y como dios lo trajo al mundo el joven mozo de Juana la Yesera. Ante los gritos y risas de los presentes, el muchacho salió corriendo en cueros vivos y como alma que lleva el diablo desapareció entre los naranjos. Cuando le pregunté a una de mis tías si la gente no se ofendía ante tales espectáculos, me contestó sorprendida que no, y que el que no quisiera ver cosas como esa, pues que no fuera al carnaval…
Similitudes con mascaradas del norte peninsular
La semejanza de nuestras costumbres en asuntos de máscaras con las de toda la cornisa cantábrica, cigarrones, peliqueiros y pantallas en Galicia, zamarracos en Cantabria, joaldunak en País Vasco y Navarra y las trangas en Huesca [NOTA A PIE 1] , parecen dejar claro que nuestros carnavales fueron importados de las tierras más septentrionales de España, debido a las sucesivas repoblaciones que se llevaron a cabo en la zona a partir del siglo XVI como consecuencia de la despoblación producida por la deportación y posterior expulsión de los moriscos o más probablemente debida a la trashumancia de ganados de los fríos valles del norte peninsular a nuestras cálidas tierras del sur.
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| TRANGAS DE BIELSA © Javier Jiménez (Freeman Creación Audiovisual) https://suenanfuerte.com/carnaval-de-bielsa/ |
El carnaval norteño en el que encuentro más similitudes con el nuestro es el de Bielsa, pueblo pirenaico de la provincia de Huesca, en el que los personajes fundamentales del festejo son: Trangas, Osos y Madamas.
-Las Trangas son interpretadas por mozos solteros del pueblo. Se visten con una saya o falda larga, abarcas, la espalda la cubren con zaleas de macho cabrío. La cabeza también la cubren con dicha piel, en la que además colocan la cornamenta del animal. Se completa el disfraz con cencerros atados a la cintura y un palo con el que atemorizan a los presentes. Simbolizan la virilidad y la fertilidad.
-Los osos, cubiertos con zaleas de oveja, atados con cadenas son guiados por su domador y simbolizan la fuerza, el valor y la llegada de la primavera.
-Las Madamas son las mozas solteras, ataviadas con trajes en los que predomina el blanco como símbolo de pureza, que combinan con sedas, brocados, rasos y cintas de colores y complementan su atuendo con collares y pendientes llamativos.
Los paralelismos entre peloteros y trangas y los osos de los dos carnavales, me parecen bastante significativos. En cuanto a las Madamas, me recuerdan un disfraz típico de las jóvenes de Palacés: las Gitanillas. Las mujeres solteras y las niñas se caracterizaban con faldas multicolores o lujosas enagüas blancas, mantoncillos de Manila, collares y pendientes vistosos y el pelo adornado con coronas de flores de papel, flores de almendro, lazos y cualquier adorno brillante o bonito.
Todas las mascaradas a las que he aludido tienen como nexo común: el oso, las zaleas (pieles de ovejas, carneros y machos cabríos, curtidas conservando el pelo), los cencerros y cascabeles, la cara tapada con caretas o pintada con hollín, la cabeza cubierta con los más estranbóticos atavíos, rudimentarias armas intimidatorias como fustas, varas o palos, vejigas de cerdo o vaca infladas para golpear sin causar daño a la gente, atavíos y ropa femenina portada por varones como pañoletas blancas bordadas, cintas multicolores y en los joaldunak y las trangas las enagüas blancas y las sayas de mujer. El objetivo común de todos los elementos enumerados es: ahuyentar los malos espíritus, desterrar el año pasado, despertar la naturaleza con el sonido de cencerros y cascabeles, y preparar el camino al año entrante. Opino que sería y puede seguir siendo también la finalidad de nuestros antiguos y nuevos carnavales.
Origen del nombre de nuestros peloteros
A nuestros disfrazados más emblemáticos, tanto en el término municipal de Zurgena como en el margen overense de la izquierda del Almanzora, siempre se les ha conocido como peloteros y en la Overa del margen izquierdo del río se les conoce como máscaras de camisa. En cuanto al nombre de nuestros encamisados, he de decir que nadie sabe con certeza su origen, no obstante, se barajan algunas hipótesis sobre el origen de la denominación de pelotero:
Mi amigo, el escritor, Ginés Bonillo Martínez, en el nº 1 de la revista ALMANSURA, escribe un artículo denominado: “Máscaras de camisa y Peloteros”, dos nombres para una manifestación del carnaval en Overa y Palacés (Almería), en el que expone la primera opinión sobre el término pelotero, que haría alusión a la más que probable exposición de genitales masculinos de los disfrazados a causa de una supuesta desnudez bajo la camisa femenina que portan. Esta hipótesis, aunque sugerente, adolece en mi opinión, y a pesar de que con toda seguridad, algún joven atrevido o descarado no llevara más prenda que la camisa, no he visto ni oído nunca que la desnudez bajo la camisa fuera algo practicado en los usos de los peloteros.
Otro posible origen sería una derivación del término peliqueiro, personaje central de los carnavales gallegos. No encuentro muchas similitudes de estos con los peloteros más allá de los cencerros colgando de la cintura, la cara cubierta con una elaborada máscara y las vejigas infladas de vaca que algunos portan en las manos para golpear al público.
Una tercera hipótesis, y es la que personalmente encuentro más plausible. Dado que en nuestra comarca todo aquello que no tiene aristas y rueda se ha considerado siempre una pelota, creo que las vejigas de cerdo infladas y las pelotas de tela de harapos que llevaban algunos enmascarados atadas al palo, podrían ser el origen del término pelotero.
De todo lo expuesto, parece lógico pensar que las repoblaciones, la trashumancia o ambas circunstancias, dieron origen a nuestra zona de osos y peloteros, con gentes procedentes de pueblos cantábricos o pirenaicos. Aunque cuando he viajado por esos lugares, me ha llamado la atención la gran diferencia existente entre las magras mujeres de pelo y ojos oscuros del norte y las mujeres exuberantes y en un buen porcentaje, de piel, pelo y ojos claros de nuestra tierra. En mi opinión, tenemos más parecido físico con los centroeuropeos que con los españoles norteños.
| JOVEN CON CENCERROS © A.VV. La Torrecica. 2014 |
Presente y futuro
No sé cómo ni por qué hemos llegado a ser como somos, corresponde a gente más sabia que yo investigar y escribir la historia, pero me siento orgullosa de mis raíces, de mis tradiciones y de la gran manifestación cultural que suponen nuestros viejos carnavales.
En la actualidad, las farsas de máscaras, osos, comparsas y mascaricas de curú curú y peloteros o máscaras de camisa, gozan de una magnífica salud en Overa, lugar en el que nunca han dejado de salir a las calles los días en los que doña Carnal campa a sus anchas. En la Ermita y Palacés volvieron a sonar los cencerros y a reaparecer los osos junto con todo tipo de disfraces en 2015. En Zurgena hay un magnífico concurso de comparsas y las gitanillas han evolucionado al traje de volantes.
Espero y deseo que reaparezcan los osos en las zonas en las que aún no lo han hecho, que los peloteros abracen a las mujeres de todas las localidades en las que, durante siglos de historia, son patrimonio y seña de identidad y que los cencerros y los osos sigan ahuyentando males y anunciando primaveras en tierras que, con todo derecho, pueden llamarse de río y peloteros.
NOTA A PIE 1: Encontrándose similitudes, incluso, con los kurent en Eslovenia, danzas de osos en Rumanía y los mamuthones en Cerdeña.
Escrito en San Javier en enero de 2015 y actualizado en enero de 2026
© JEMA BONILLO DÍAZ 2015/2026

