1. Introducción
Las lluvias torrenciales desencadenadas en los días 18 y 19 de octubre de 1973 en el sureste de la península ibérica, ocasionaron además de irreparables pérdidas humanas, la desaparición de cultivos, afectando gravemente a poblaciones que se asentaban en las márgenes de los ríos y ramblas o en sus proximidades.
Lluvias de gran intensidad horaria, en esta región, se han registrado en varias ocasiones; así ocurrió en Octubre de 1924, originando desbordamientos de los cauces naturales de desagüe. Pero ninguna ha tenido efectos tan desastrosos como éstas, debido, por una parte, a la mayor extensión afectada en esta ocasión por las precipitaciones y, de otra, a la simultaneidad con que se produjeron los aguaceros, de gran intensidad horaria.
Las lluvias, en esta ocasión, rebasaron en algunas zonas los 100 mm. e incluso los 250 mm. en 24 horas. Son de destacar: 350 mm. en Murtas el día 18, y 600 mm. el 19 en Zurgena, ambos en octubre de 1973.
Esto constituye un ejemplo de las desviaciones anormales que integran el clima del Sureste de la península ibérica. Son anormalidades relativamente frecuentes, unas veces los colores excesivos, otras los vientos huracanados y otras, como en este caso que analizamos, las lluvias excepcionales que, como las que produjeron las inundaciones del 18 y 19 de octubre, ocasionaron, además de la desaparición de cultivos y enseres materiales, la pérdida irreparable de vidas humanas.
Las violentas precipitaciones, unidas a la falta de cobertura vegetal y al tipo de roquedo de la región provocaron grandes crecidas en los ríos y ramblas, los cuales rápidamente, con todo su poder destructivo, alcanzaron el Mediterráneo.
Las causas que originaron estos aguaceros tan fuertes y de gran intensidad horaria, las examinaremos a lo largo de este trabajo, basándonos en los puntos siguientes:
1. Formalización en los niveles altos de la atmósfera de una gota fría.
2. Elevada temperatura superficial del agua en el Mediterráneo Occidental.
3. Formalización de un temporal por vientos de Levante.
4. Ciclogénesis en el Mar de Alborán.
5. Fuerte inestabilidad vertical de las masas de aire mediterráneo en Otoño.
6. Configuración especial del relieve.
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2. Una gota fría en el sur de la península ibérica
Las fuertes precipitaciones a las que nos referimos fueron el resultado de una serie de efectos convergentes en el transcurso del 16 al 20 de octubre. Sobresale de entre ellos la formalización de un embolsamiento de aire frío sobre el sur de la península ibérica, cuyo desarrollo se va a analizar seguidamente:
a) Día 16 de octubre. La circulación en altura, a 500mb, mostraba una vaguada en el meridiano 20º longitud oeste, con aire a —24°C que penetraba profundamente hacia el sur. Además, una dorsal atlántica estaba situada a lo largo del meridiano 40º longitud oeste, que con relación a los mapas de tiempo de días anteriores iba ganando amplitud al tiempo que se aproximaba a las costas occidentales europeas.
En superficie, el campo de presión mostraba una amplia zona de altas presiones en el Atlántico Norte, centrada en el meridiano 30º longitud oeste, que se correspondía con la dorsal que hemos señalado para los niveles altos. Además, una depresión profunda se había centrado en las proximidades del Canal de La Mancha. Esta depresión llevaba asociada a ella un frente de carácter frío que barrió la península ibérica con una trayectoria noroeste-sureste, alcanzando las costas mediterráneas a las 18 horas. El paso de este frente frío —ligado a la masa de aire polar marítimo en flujo no directo— ocasionó chubascos y tormentas moderadas y a veces fuertes en el noroeste peninsular, mientras que en el sur y nordeste fueron más bien débiles.
La masa de aire polar marítimo que acompañó al frente frío ocasionó un descenso apreciable de la temperatura en la mitad norte de la península ibérica, mientras que las temperaturas máximas se refugiaron en levante y sureste. Murcia alcanzó 31°C.
b) Día 17 de octubre. En niveles altos, a 500mb, la vaguada se acentuaba aún más hacia el Sur, individualizándose una gota de aire frío en las proximidades de las costas portuguesas. Esto ocasionó que sobre la vertical de Lisboa, a 5500m., la temperatura del aire fuese de —20°C. A la vez, a los 300mb. un ramal descendente de la Corriente en Chorro embolsaba aire frío sobre el cabo de San Vicente. La dorsal anticiclónica se aproximó aún más a las costas europeas desplazándose hasta el meridiano 25º, longitud oeste.
En superficie las altas presiones del Atlántico Norte, acompañando a la dorsal en altura en su desplazamiento hacia el este, continuaron acercándose a las costas europeas, situándose a lo largo del meridiano 25º, longitud oeste.
La península ibérica, tras el paso del frente frío del día anterior, queda bajo la influencia de la masa de aire polar marítimo del sector frío posterior. Esta masa de aire era muy inestable en cuanto que los vientos llevaban una curvatura ciclónica y su inestabilidad se veía aumentada por la presencia en los niveles altos de la atmósfera del embolsamiento de aire frío. Esta inestabilidad se tradujo en una intensificación de las precipitaciones, algunas de ellas de carácter tormentoso. Se desarrollaron tormentas en Galicia y también en el Sureste de la península ibérica, donde provocaron las primeras lluvias.
c) Día 18 de octubre. La circulación en altura presentaba ciertos cambios respecto al día anterior. A 300mb. la Corriente en Chorro dejó de embolsar aire frío sobre el cabo de San Vicente y se desplazó entonces hacia Europa Central. Esto provocó que la vaguada, descrita anteriormente, se estrangulase y se convirtiese en una depresión fría, situada profundamente hacia el sur, sobre la vertical del golfo de Cádiz. Al mismo tiempo la dorsal Atlántica siguió su trayectoria hacia el este, hasta casi tocar su borde oriental el Cantábrico y el suroeste de Irlanda.
En superficie los cambios son aún más profundos. En primer lugar las altas presiones del Atlántico Norte que acompañaban a la dorsal atlántica en altura alcanzaron el Cantábrico y el Oeste de Francia, tomando una disposición zonal, empujando a la circulación del oeste al norte del paralelo 50º.
Por otra parte, las bajas presiones térmicas del Sahara, alcanzaron el norte de África. Este dispositivo de los centros de acción —altas presiones en el Cantábrico y bajas presiones en el norte de África— va a provocar un cambio de la circulación sobre la península ibérica: los vientos que hasta el día anterior habían sido de componente noroeste, cambian de dirección y se convierten en vientos del Segundo Cuadrante, predominando los de componente este. Estos vientos de levante, que en su origen son del sureste (cálidos por haberse formado a baja latitud) al alcanzar el Mediterráneo se cargan de humedad, por lo que estas masas de aire adquieren un alto grado de inestabilidad.
Sobre la península ibérica, se había desplazado lentamente hacia el sur la masa de aire polar marítimo del sector frío posterior, hasta estancarse en el Mar de Alborán. Dicha masa de aire polar marítimo de carácter inestable en días anteriores, aumentó su inestabilidad por el recalentamiento de sus capas bajas. Este recalentamiento era provocado primero, por su desplazamiento hacia latitudes inferiores, y segundo por entrar en contacto con las aguas del Mar de Alborán, que presentaban temperaturas entre 19º y 22ºC.
El flujo del este puso en contacto la masa de aire mediterráneo, cálido, húmedo e inestable con la masa de aire polar marítimo que presentaba un fuerte decrecimiento vertical de la temperatura. Este contacto entre dos masas de aire distintas desencadenó una ciclogénesis, poco profunda que se centró en el Mar de Alborán.
Entonces, la depresión mediterránea así formada, por una parte, encontró condiciones muy favorables para el desarrollo de movimientos ascendentes de la masa de aire húmedo y cálido mediterráneo, hacia las altas capas de la atmósfera, por la presencia de la depresión fría que gravitaba sobre el golfo de Cádiz. Al mismo tiempo reforzó hacia el sureste de la península ibérica el flujo aéreo de levante. Flujo que era impelido con fuerza contra las sierras de las Cordilleras Béticas, las cuales le obligaban a ascender. Este empuje ascensional se unió a la inestabilidad propia de esta masa de aire, y no sólo aumentó la componente vertical del viento al subir por las laderas a barlovento, sino que le bastó, además, la altura salvada para condensar su alto contenido en vapor de agua. El propio calor liberado por la condensación mantenía elevada la temperatura de esa masa de aire y reforzó su movimiento ascensional en una amplia zona; formando una gigantesca chimenea que por su base aspiraba aire marítimo del sureste, a gran velocidad.
Así, pues, iniciado el efecto de disparo, el movimiento ascendente de la gran masa de aire cálido y húmedo mediterráneo se aceleró, porque en su camino hacia las altas capas de la atmósfera encontró aire cada vez más frío. —“El aire ascendente, al sobrepasar la isoterma de -20ºC, al nivel bárico de 500mb. dio lugar a una creciente producción de cristales de hielo, necesarios para la iniciación de lluvias copiosas” formándose cúmulos tempestuosos que degeneraron en cumulonimbos, nubes de tormenta propiamente dichas. Este movimiento ascendente de la masa de aire mediterráneo, no era homogéneo, sino que se desarrolló en numerosas células dispersas en todo el sureste español, que provocaron tormentas y aguaceros violentos de más de 100 mm./h.
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| ISOYETAS 19-10-1973 © El autor |
d) Día 19 de octubre. La situación meteorológica es la misma que la del día anterior, tanto en superficie como en altura. La depresión del Mar de Alborán continuaba canalizando el flujo de levante que mantenía fuertes índices de humedad, aún muy al interior de la región.
e) Día 20 de octubre. En altura, a 500mb. la depresión fría empezó a dar signos de agotamiento por desgaste, dirigiéndose lentamente al norte de África. Al mismo tiempo la dorsal atlántica, que seguía desplazándose hacia el este, llegó a alcanzar el occidente europeo.
En superficie, las altas presiones atlánticas abarcaban todo el territorio peninsular, por lo que la presión aumentó de 1012 a 1020mb. Al mismo tiempo la depresión del Mar de Alborán desapareció por agotamiento. Consecuencia de esto las precipitaciones disminuyeron de intensidad y sólo subsistieron algunas aisladas y muy localizadas en áreas orientadas directamente hacia el Este.
f) Día 21 de octubre. La gota fría en proceso de reducción continuó desplazándose a tierras marroquíes. La dorsal anticiclónica en su traslado hacia el este termina por invadir la península ibérica, elevando la presión por encima de 1020mb.
Los últimos restos de inestabilidad dieron lugar a algunos chubascos dispersos e irregularmente repartidos, especialmente en el Sistema Central, La Mancha y Sistema Ibérico.
Lo que fue una activa depresión fría, desaparecería de nuestra vertical peninsular en la madrugada del 22 de octubre. La península ibérica quedó bajo la influencia, a todos los niveles de la atmósfera, de las altas presiones subtropicales de las Azores.
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| TOTAL PRECIPITACIONES EN 48 HORAS © El autor |
3. El relieve como mecanismo acelerador del disparo vertical
La presencia del embolsamiento de aire frío sobre el golfo de Cádiz, desencadenó el disparo vertical de la masa de aire mediterráneo con elevada temperatura y alto grado de humedad. Esta ascendencia provocó la condensación de enormes cantidades de vapor de agua, que los cumulonimbos se encargaban de precipitar en forma de violentos chubascos y aguaceros.
Ahora bien las lluvias de mayor volumen e intensidad horaria registradas durante los días 18 y 19 de octubre se localizaron en zonas próximas a relieves expuestos directamente a la influencia de los vientos de levante, ya que el flujo aéreo mediterráneo del este, en su avance hacia el interior de la península ibérica, se vio frenado por las sierras costeras de las Cordilleras Béticas. Al intentar salvar dichos obstáculos naturales, aumentó la turbulencia y la componente vertical de las masas de aire que ascendían por la vertiente de barlovento.
Como la corriente aérea del este mantenía un fuerte grado de humedad relativa, era suficiente un obstáculo, no muy acusado, para que el aire llegase a la saturación, condensándose —su alto contenido— en vapor de agua.
Por lo tanto, el relieve actuó a modo de gran trampolín y aceleró la ascendencia del flujo húmedo de levante que alcanzaría con gran rapidez los niveles altos de la atmósfera.
Así pues la disposición especial del relieve jugó un papel decisivo en el reparto y distribución de las lluvias torrenciales. Según que las masas montañosas estuviesen orientadas mas o menos perpendiculares a la dirección de los vientos del Segundo Cuadrante (este, estesureste, sureste y sursureste), actuaron como factor intensificador de las precipitaciones o, por el contrario, sobre todo en las vertientes de sotavento, las disminuía. Así ocurre con las sierras de La Contraviesa y de Filabres. Mientras que en la vertiente oriental de La Contraviesa-Murtas a 1.200 m. recibió 350 mm., en la vertiente occidental llovió con menor intensidad, Vélez de Benaudalla a 150m. recibió 116 mm. y algo más alejado hacia el oeste, Itrabo a 400 m. registró 65 mm.
La sierra de los Filabres presenta una distribución idéntica; la vertiente este alcanza 179 mm. en Alcudia de Monteagud a 1000m. disminuyendo las lluvias conforme se avanza de este a oeste. Así Gérgal a 900m. sólo recibe 46 mm. Por otra parte los valles de los ríos orientales hacia el este o sur, canalizaron el flujo de levante, obligándolo a ascender paulatinamente por el continuo aumento de altura y estrechamiento de los valles que en sus cabeceras se hacía mayor, provocando la rápida condensación que desencadenó las tormentas. Por lo general, las lluvias registradas en la cuenca baja de los ríos son débiles; por el contrario, conforme remontamos los valles las precipitaciones aumentan, haciéndose torrenciales en sus cabeceras. Así, en la cuenca del río Adra, mientras que en la costa, Adra recibe 95 mm.; Beninar a 300 m. alcanza 100 mm.; Turón a 650 m., 206 mm. y más al interior: Cádiar a 900 m. registra 222 mm. Lo mismo ocurre en los valles del Andarax y Almanzora. En el curso bajo del río Andarax, Almería recibe 7 mm.; Rioja 13 mm. Conforme remontamos el río, las lluvias aumentan; Canjáyar a 417 m. recibe 52 mm. Ohanes a 800 m. 50 mm. y el curso alto del río Laujar, a 950 m. recibe 100 mm. y Abrucena a 900 m., 105 mm.
El río Almanzora presenta en su cabecera el máximo pluviométrico, así Purchena a 900 m. registra 251 mm. y 201 mm. Lúcar, a 860 m.
Por el contrario, en su curso bajo, apenas si alcanza 50 mm.; Vera sólo recibe 24 mm.
El curso del río Guadalentín presenta idéntica distribución en las precipitaciones; mientras que en su confluencia con el río Segura, Murcia sólo recibió 19 mm., en su curso medio Lorca 105 mm.; también llovió con intensidad en su cabecera. Chirivel a 1050 m. recibe 151 mm.; María a 1200 m., 172 mm. y Vélez Blanco a 1100 m., 181 mm.
Un caso excepcional lo constituyó la zona comprendida entre Trevélez, Murtas y Bayárcal, donde las precipitaciones fueron superiores a 200 mm. El relieve tuvo aquí una importancia primordial. El flujo de vientos húmedos mediterráneos penetró en esta zona por dos trayectorias distintas:
a) El valle del río Adra que canalizaba el flujo aéreo del Segundo Cuadrante contra las vertientes sur y este de la Contraviesa y vertiente sur de Sierra Nevada.
b) El valle del río Andarax que con una dirección este-oeste canalizó el flujo aéreo de levante y lo lanzó a través del pasillo de Laujar contra la vertiente sur de Sierra Nevada y ladera sur de la Contraviesa. Así pues en este triángulo: Trevélez, Bayárcal, Murtas—convergían ambas corrientes, originando un torbellino que disparaba esa masa de aire hacia los altos niveles de la atmósfera. Esto explica la violencia de las precipitaciones en esta zona que alcanzaron 218 mm. en Trevélez a 1.600 m.; 222 mm. en Cádiar a 1000 m.; 196 mm. en Bayárcal a 1200m. y 350 mm. En Murtas, entre las 19 horas del día l8 y las 6 horas del 19 de octubre.
4. Tormentas y aguaceros
La mayor parte de las precipitaciones registradas en los días 18 y 19 de octubre, fueron de origen tormentoso. Convencionalmente la tormenta se define por las manifestaciones eléctricas producidas en una nube: rayo, relámpago o trueno. “La nube tormentosa es necesariamente un cumulonimbo y el comienzo de las descargas eléctricas coincide con el despliegue del penacho cirroso y el principio de la precipitación”.
La actividad tormentosa entró en escena el 17 de octubre en el sureste de la península ibérica. Albox, en la margen izquierda de la Cuenca del río Almanzora registró tormenta a las 9, 14 y 18 horas con un total de 41 mm. Sin embargo, formalizada la depresión mediterránea —el 18 de octubre— en el Mar de Alborán, las grandes tormentas hicieron su aparición, primeramente en la costa mediterránea levantina, avanzando en oleadas hacia el interior, de este a oeste. Mientras, los violentos aguaceros descargaron a mediodía y primeras horas de la tarde en las cuencas del Guadalentín, Almanzora y Andarax; en las cuencas del Adra y Guadalfeo, las tormentas y aguaceros tuvieron lugar entre las últimas horas de la tarde y primeras horas de la madrugada del 19 de octubre. Así, la primera oleada de tormentas que comenzó por el este, cuencas del Almanzora y Guadalentín, se fueron trasladando hacia el oeste hasta alcanzar las Alpujarras a primeras horas de la noche. Entre las tormentas del 18 de octubre destacaron, sobre todo, 130 mm. en Zurgena y 134 mm. en Albox, en la cuenca del Almanzora. En la cuenca del Andarax: 130 mm. en Huéneja y 105 mm. en Fiñana. En la cuenca del río Adra: 206 mm. en Turón: 220 mm. en Mecina Bombarón y 350 mm. en Murtas. En la cuenca del Guadalfeo: Trevélez 218 mm. y 222 mm. en Cádiar.
La segunda oleada de tormentas, por segundo día consecutivo, también avanzó de este a oeste. Se originaron en !as cuencas de los ríos Almanzora y Guadalentín, trasladándose posteriormente al río Nacimiento y cabecera del Guadiana Menor, sin llegar a afectar la zona de las Alpujarras.
Las tormentas se desencadenaron con todos los meteoros que las caracterizan y las acompañan: aparato eléctrico, gran fuerza del viento y granizo. La precipitación fue torrencial en amplias zonas de las cuencas de los ríos Guadalentín y Almanzora. En algunos puntos la tormenta fue casi exclusivamente de pedrisco.
Entre las intensidades mas fuertes por hora registradas han sido: en Benitagla, de 10 a 11 horas del 19 de octubre se alcanzaron 105 mm. con tormenta; en Oria se registraron, de 12 a 12,30 horas del 19 de octubre, 80 mm., fruto de una gran tormenta de agua y pedrisco; en Zurgena, de 11 a 12 horas del 19 de octubre, se registraron 180 mm. con tormenta y, entre las 13 y 14 horas, una tromba de agua excepcional, acompañada de gran aparato eléctrico, arrojó 420 mm.
Entre las precipitaciones del 19 de octubre destacaron:
En la cuenca del Almanzora: 250 mm. en Tíjola, 232 mm. en Purchena y 600 mm. en Zurgena. En la cuenca del Guadalentín: 172 mm. en María y 181 mm. en Vélez Blanco. En la cuenca Oriental del Andarax: 105 mm. en Abrucena y 180 mm. en Senés. En la cuenca del Guadiana Menor: 160 mm. en Caniles y 133 mm. en Cúllar Baza.
El 20 de octubre cesan las tormentas y los intensos aguaceros. Únicamente surgen algunos núcleos tormentosos en áreas muy localizadas, expuestas directamente hacia el este. Estos chubascos, de origen tormentoso, se originan por los restos de inestabilidad todavía vigentes en los niveles altos de la atmósfera. Se desencadenan tormentas en el Mar de Alborán, San Javier, Mar Menor, Sistema Ibérico y fachada suroriental de la Sierra de los Filabres.
Son muy llamativos los 600 mm. de lluvia que, entre las 11 y 14 horas, registró el núcleo urbano de Zurgena, abatido durante tres horas por dos violentísimas tormentas de gran aparato eléctrico. Cabe preguntarse: ¿Cuáles han sido las causas dinámicas de tales aguaceros, si no hay un relieve destacado que lo respalde?
En primer lugar, podría ser motivado por una gran convergencia local de vientos de distinta componente; o, bien debido a una turbulencia propia e interna del flujo aéreo de levante, dando lugar a un gran torbellino que elevó la masa cálida y húmeda mediterránea hacia los niveles altos, desencadenándose una gran tromba de agua local.
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| PLAZO DEL OLMO TRAS LA RIADA © Diario de Almería |
5. Crecidas e inundaciones
En el Sureste de la península ibérica, los desbordamientos de ríos y ramblas provocaron grandes inundaciones que arrastraron a su paso numerosas parcelas de tierra cultivada y caseríos que se asentaban en las márgenes de los mismos. Varios factores se sumaron al poder destructor de las avenidas. En primer lugar, la gran intensidad horaria de las lluvias; las tormentas y aguaceros precipitaron enormes volúmenes de agua en pocas horas. En segundo lugar, las características morfológicas de la región: el sureste posee un relieve disecado, formado por materiales impermeables en gran cantidad: pizarras, esquistos, micaesquistos, arcillas, margas muy deleznables. En tercer lugar, los cursos de agua presentan un carácter torrencial, debido a que tienen que salvar en pocos kilómetros altitudes de 2000 m. hasta el nivel del mar, por lo que su perfil longitudinal posee una fuerte pendiente. En último lugar, la escasa y raquítica vegetación, desaparecida tras un prolongado verano de altas temperaturas y sin precipitaciones.
Todo ello hace que la escorrentía sea fuerte, superándose 2/3 de las precipitaciones y perdiéndose la mayor parte de las lluvias que van directamente al Mediterráneo. El agua con la misma violencia que caía se precipitaba por los ríos y ramblas, provocando crecidas desmesuradas e inundaciones en sus cuencas. Seriamente afectadas han sido:
a) La Hoya de Guadix-Baza. Por el desbordamiento de la cuenca alta del Guadiana Menor (Fardes, Verde, Baza y Guadahortuna).
b) La alta y baja Alpujarra granadina. Por la crecida del río Guadalfeo y rambla de Albuñol, respectivamente.
c) El río Almanzora, a través de toda su cuenca; especialmente las ramblas de Albox, Albanchez y El Higueral.
d) La cuenca del río Adra.
e) La cuenca del río Guadalentín. Por el desbordamiento a través de todo su curso; especialmente las ramblas de su cabecera (Nogalte y Chirivel).
La crecida mas espectacular, se dio en el río Almanzora, que alcanzó un caudal máximo en punta de avenida de 3500m3/seg.
* Cuenca del río Almanzora.
- Afluentes por su margen derecha:
1. Rambla de Albanchez, caudal máximo 500 m3/seg.
2. Río de Sierro, caudal máximo 180 m3/seg.
3. Río de Bacares, caudal máximo 100 m3/seg.
- Afluentes por su margen izquierda:
1. Rambla de Albox, caudal máximo 1600 m3/seg.
2. Rambla del Higueral, caudal máximo 500 m3/seg.
3. Río Guadalfeo, caudal máximo 1200 m3/seg.
4. Río Adra, caudal máximo 2000 m3/seg.
5. Río Guadalentín, caudal máximo 3000 m3/seg.
6. Rambla de Albuñol, caudal máximo 1100 m3/seg.
Las pérdidas humanas se localizaron en los núcleos de población de La Rábita, Puerto Lumbreras y Zurgena; motivadas por las grandes crecidas de las ramblas de Albuñol, Nogalte y barranco de los Yesos, respectivamente.
5. Conclusión
Los intensos aguaceros de los días 18 y 19 de octubre de 1973, registrados en un amplio sector del Sudeste de la península ibérica se originaron, a grandes rasgos, por una serie de factores que conjugados a un mismo tiempo determinaron violentos disparos verticales en la atmósfera, con tormentas violentísimas. Entre tales factores están:
1. Formación y estancamiento en las capas altas de la atmósfera de una gota fría, que gravitaba sobre la vertical del golfo de Cádiz.
2. Elevada temperatura superficial del Mar de Alborán.
3. Índices elevados de la humedad relativa, con valores superiores al 89 por ciento.
4. Formalización de un flujo de levante, que arrastró hacia el interior las altas humedades de las costas.
5. Ciclogénesis en el Mar de Alborán, por contacto de la masa de aire polar marítimo y la masa cálida mediterránea. La borrasca nace, se desarrolla y muere en 36 horas, encauzando hacia el sureste de la península ibérica un flujo aéreo cálido y muy húmedo de levante.
6. Fuerte inestabilidad vertical de las masas de aire mediterráneas en Otoño.
7. Especial configuración y altura del relieve de las sierras costeras de las Cordilleras Béticas.
8. Presencia de núcleos de sublimación — cirros— que siempre existen en mayor o menor proporción en la atmósfera.
9. Presencia de núcleos de condensación; la corriente aérea de levante proporcionó los núcleos higroscópicos.
Las consecuencias inmediatas —y de todos conocidas— de estas trombas de agua fueron unas gravísimas inundaciones con cuantiosas pérdidas materiales, por las amplias zonas de cultivo que afectaron y como nota triste de tales riadas, la pérdida irreparable de más de un centenar de víctimas en las provincias de Murcia, Granada y Almería.
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| APÉNDICE PRECIPITACIONES © El autor |
Este artículo fue publicado por su autor: JOSÉ JAIME CAPEL MOLINA, en la publicación Cuadernos Geográficos de la Universidad de Granada n.º 4. 1974. Págs. 149-166. ISSN-e 2340-0129, ISSN 0210-5462.
José Jaime Capel Molina (Almería, 1-IV-1949) es licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Granada (1971), doctorándose en Geografía en 1975. Ha sido profesor titular de Geografía Física de la Universidad de Murcia (1984-1996), y desde 1997 hasta 2013 fue catedrático de Geografía Física de la Universidad de Almería. Además de su profesión de geógrafo, es escritor y pintor. Wikipedia.






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